Gracias, Leo, maqui


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La suerte la hemos tenido los culés, porque vino a Barcelona. Sin él, el Barça no sería lo mismo, es la piedra angular de los éxitos del club en los últimos diez años

Conocí a Leo cuando llegó al vestuario del primer equipo, con 16 años, pero sabía de él desde antes. Sergi Alegre, un gran amigo que trabajó muchos años en el fútbol base del Barcelona me avisó un día comiendo: “Xavi, sube gente buenísima”, me dijo hablando de la generación de Piqué, Cesc y compañía. “Pero hay un argentino que no te imaginas lo que es. Espectacular. Ya verás”, me dijo. Así que, de oídas, sabía quién era cuando le vi aparecer en el vestuario. Ya se le veía diferente, claro, porque hay cosas que se notan en el primer rondo. Y Leo, además, tenía algo que es lo más difícil: entendía el juego, tenía pase y driblaba a quien le pusieras por delante; al mejor defensa que tuviéramos en el equipo aquellos días, lo sentaba. Al poco de llegar, en su primer año, nos tocó compartir un viaje y descubrí un chaval educado, respetuoso, humilde, nada agrandado. Y en eso, es ejemplar, porque siendo lo que ahora es, siendo el más grande, no ha perdido esos valores, ni un punto de humildad y respeto a los compañeros. Creo que Leo nunca ha querido ser diferente de los demás.
Puedes tener un año bueno, o dos, pero llevar el tiempo que lleva demuestra un carácter ganador propio de alguien tan perfeccionista, que no tiene nunca suficiente
Era distinto, pero sólo tenía 16 años, así que pensaba que sería bueno, pero también sabía que el fútbol es muy complicado, que intervienen muchas cosas, y nunca imaginé que se convertiría en el mejor jugador de la historia. Desde que le conozco no ha dejado de evolucionar en ningún sentido. Ha mejorado lo que ya tenía y se ha convertido, además, en un goleador. Antes no tenía tanto gol, y ahora las enchufa todas, tira faltas… Y como dice Pep, domina todas las facetas del juego. No volveremos a ver nada parecido. Ya no solo por lo que es capaz de hacer, sino por el tiempo que lleva haciéndolo.

Otros han durado dos años, tres. Él no parece tener fin.

La suerte que hemos tenido los culés es que viniera a Barcelona. Sin él, el Barça no sería lo mismo, es la piedra angular de los éxitos del club en los últimos diez años. Y eso es una cosa que no puedo pasar por alto al hablar de Leo, porque es digno de elogio: puedes tener un año bueno, o dos, pero llevar el tiempo que lleva demuestra un carácter ganador inusual propio de alguien al que no sólo le gusta lo que hace, sino que es un perfeccionista, que no tiene nunca suficiente, que si mete dos, quiere tres. Y eso lo ve todo el mundo en los partidos, pero durante la semana es igual, así que hace mejores a todos los que le rodean, porque exige mucho estar a su altura.
Ese carácter le lleva a coger cabreos monumentales por perder un partido. O a entristecerse mucho, porque siempre quiere ganar.
Nada le molesta más que una derrota. Le recuerdo desolado el día que falló un penalti contra el Chelsea y nos eliminaron de la Champions.
Pero también por fallarlo contra el City, aunque habíamos ganado 3 a 1. Vas y le dices que no pasa nada y él te contesta “sí pasa, sí. Fallé”. Y es cierto, ha habido días en que le vi enfadado con él mismo, con todo lo que tenía alrededor y con el mundo en general, pero, ¿y quién no? Además, no ha de ser fácil gestionar ser el número uno y él, el 99’9% de las veces, lo hace de maravilla. Así que está más que disculpado, porque lo compensa sobradamente con la felicidad que contagia a cualquiera que le guste el fútbol.
Personalmente me considero su amigo. Como persona es introvertido. Le cuesta abrirse, pero cuando coge confianza es muy divertido, muy vacilón. Tiene una ironía buenísima. Y un corazón enorme, es muy buen tipo. Siempre tiene un momento para ayudar en lo que le pidas. “Oye, Leo, que un amigo me ha pedido unas botas para una fundación de unos niños…”. Se las quita, las firma y te las regala. Siempre. Pero lo que más valoro de él es que es un tío legal. No te engaña nunca. Tiene un carácter fuerte y cuando algo no le gusta, no le gusta. Y no trates de convencerle. Pero te lo dice a la cara. Con él siempre tengo la sensación de que no me traicionará jamás. Si me tiene que decir algo me lo dice y sé que nunca me apuñalará. Messi sólo engaña a los defensas y al portero. Y eso lo valoro mucho. En ese sentido somos muy parecidos. Gracias por ello, Leo.
Nada le molesta más que una derrota. Le recuerdo desolado el día que falló un penalti contra el Chelsea y nos eliminaron de la Champions
Y gracias por jugar como juegas, por tus desmarques, tus goles, tus pases y tus regates, por lo que le has dado al Barça y al fútbol. Y por ser como eres.
Y felicidades por otro Balón de Oro. Te lo has ganado.

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