Chile: muy lejos de Finlandia


VENTANA AL MUNDO – OPINION

Agustín Saavedra Weise

PAGINA SIETE lunes, 13 de julio de 2015

En 1960 surge la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, más conocida por su sigla en inglés OECD. Estados Unidos y Canadá, junto con 18 países europeos, decidieron su formación con el objeto de promover el avance de los países emergentes. Desde entonces, pertenecer a la OECD ha pasado a ser un símbolo de estatus, un paso importante que refleja el cambio cualitativo. Hoy en día son 34 los miembros de la OECD, incluyendo dos latinoamericanos: México y Chile.
El ingreso de Chile a la OECD se produjo el 11 de enero de 2010, mediante acto especial realizado en el Palacio de la Moneda, con la presencia del secretario general de la OECD y del ministro de Finanzas de Chile. Ambos firmaron, en presencia de la presidenta Michelle Bachelet (durante su primer mandato), el convenio de adhesión. Chile se convirtió así en el país número 31 de la privilegiada lista y el primero de Sudamérica en ingresar a ese exclusivo club de los Estados desarrollados.
Fue un logro notable, resultado final de políticas económicas y sociales acertadas que generaron en el vecino trasandino un acelerado progreso que lo elevó por encima de muchos de sus pares de la región. El acceso chileno a la OECD ha sido el corolario de décadas de persistente trabajo para cambiar estructuras; al mismo tiempo que se disminuyó la pobreza y resurgió la democracia tras los largos años de la dictadura de Augusto Pinochet.
Pero como siempre sucede en casos similares, a muchos chilenos se les nubló la mente, se les subió el éxito a la cabeza. Multitud de analistas y periodistas repetían que les “molestaba” ser “comparados” con América Latina; Chile debía más bien ser comparado con Finlandia u otros países, tipo Australia y Nueva Zelanda, repetían sin cesar.
Para numerosos sectores de la élite chilena y de sus grupos mediáticos, Chile ya estaba en una etapa “superior” a la media regional, con quien “no podía ni debía compararse”. Mas he aquí, que en esta nuestra América del Sur, al final siempre se cumple la letra de una vieja chacarera de los hermanos Dávalos -popularizada por los Chalchaleros- que se llama Casas más casas menos. Una de sus estrofas reza así: “Buenos Aires, tierra hermosa, Nueva York, grandioso pago; casas más, casas menos, igualito a mi Santiago”. La referencia es Santiago del Estero, capital de la provincia argentina del mismo nombre.
Los negociados inmobiliarios de la esposa de su hijo provocaron el llamado “nueragate”, escándalo que ha salpicado feo a la presidenta Bachelet. Además, hubo embrollos por el uso ilegal de fondos para las elecciones y luego surgieron otros escabrosos temas. Asimismo, el reciente tratamiento judicial del futbolista Arturo Vidal -liberado rápidamente para que siga jugando en la Copa América luego de un peligroso accidente automovilístico conduciendo borracho- ha sido típico de un país tercermundista, no de un miembro serio de la OECD.
Varios casos similares, agregando el persistente problema de los estudiantes secundarios, nos demuestran que Chile está todavía muy lejos de alcanzar a la próspera y tranquila Finlandia, considerada, además, una de las naciones menos corruptas del globo. “Casas más casas menos, igualito a mi Santiago…”

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