Sudamérica: mezquino fútbol


Julián Ruiz

JULIAN RUIZ escribe de fútbol desde el Mundial de México en 1970, cuando entró en el diario MARCA. Estudió en el INEF dos años y tuvo como profesor de fútbol a José Villalonga. A pesar de estar más dedicada a la música, donde como productor ha obtenido catorce números uno, jamás se ha desentendido de su enorme pasión de escribir por el fútbol. Una pasión que comparte visceralmente con la música.
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Higuaín, ante el portero de Jamaica. | Afp
Llevo más de 10 partidos analizados en esta mal llamada Copa de América, con la misma presunción en el tono que cuando los Estados Unidos hablan de su país como América.

Es el peor fútbol sudamericano que he visto en los últimos 20 años. Selecciones sin talento, con un juego antediluviano, lento de balón, falto de ritmo. Además, sin estrellas. Ni un solo jugador por el que los equipos europeos puedan suspirar o intentar comprarlo. Hasta Neymar es el relicario del absurdo, con su sentido de encefalograma plano. Esa misma sensación tuve en el Mundial de Brasil, salvo la excepción de Argentina, que tiene a Messi y eso es como jugar con el Dios del fútbol.

Tengo dudas de que, excepto Argentina, alguna selección completa sudamericana pudiera ganar una Liga europea. Ni siquiera la italiana. Hasta la Juventus se reiría de la Brasil actual. Así que una vez más Canal Plus ha pagado una fortuna por algo que no interesa en Europa y menos en España. Las audiencias son raquíticas, ridículas.

Incluso de cara al espectáculo, las estrellas argentinas actúan en esta Copa de América con marca pasos, en un estado físico lamentable. Incluso en la primera parte ante un proyecto de selección como Jamaica, Messi parecía la mitad de Messi. No se iba de nadie. Incluso puede que haya vuelto al “choripan”, porque ha vuelto a su casa sudamericana y el peso ha aumentado, ya que no tiene a un seleccionador, sino al amigo de su padre.

Ver un Uruguay-Paraguay, que en otros tiempos era un solemne espectáculo, hoy en día es un lance pueril, lánguido, aburrido, absurdo, hasta con los papeles invertidos, porque ahora Paraguay parece más fuerte, a pesar de que su jugador estrella, Ortigoza, es patético con sus kilos y su figura es lo más alejado a un jugador de fútbol. Ya ni hablar de Cavani, que parece un ex-jugador, que no puede ni con su incipiente barriga. Algo patético, insulso, inodoro, insípido. Para aborrecer el amor por el fútbol.

Luego, a continuación, una Argentina que no puede ni con su alma en el segundo período, ganó de un churro del Patata Higuaín. Dio una sensación de cansancio, de decadencia, cuando es la mejor selección con diferencia. Messi ni compareció en el segundo período, comido por los “rastas” jamaicanos. Incluso los albicelestes pedían la hora. Patético.

El futbol sudaméricano es un fiel reflejo de sus gobiernos populistas, sean de derechas o izquierdas, donde el narcotráfico, la criminalidad, la pobreza y la desaceleración económica muerde como si fuera un perro rabioso al fútbol. Un fútbol que queda muy lejos de los tiempos brillantes y de esplendor americano.

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