El detalle no visto que Peña Nieto ha preferido ocultar


De MIguel Castillo | Corte de Caja – vie, 15 may 2015

6de44640-fb36-11e4-af7c-b17aa6fbd498_presidentesabrazo (1)Es evidente que existen diferencias notables en estas imágenes de los presidentes de México y Estados Unidos. De hecho, lo único que tienen de parecido es la intención propagandística para hacer ver que el amor flota en el aire aún cuando la tempestad se les arroja encima. A Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera luego de meses de ser vapuleados por situaciones de conflicto de interés; a los Obama, tras enfrentar un proceso de reelección que a estas alturas no se sabe si fue un premio o un castigo.

Sin embargo, las enormes diferencias son justamente las que no se ven, las que traen ambos mandatarios a cuestas en cada una de sus decisiones y que al final los hace sumergirse en un abrazo apasionado de un lado y en uno tenso y más distante del otro. Después de todo, aún no vemos a Barack lanzando al ruedo a Michelle para que explique algún entuerto de propiedades o concesiones, ni tampoco se ha sabido que sus hijas llamen la atención de todos en cenas de gala o centros comerciales.

Ahí lo que cabría apuntar es el cuidado en sus formas y su manejo de comunicación, donde es notable que el presidente de Estados Unidos se sirve de su familia como un apoyo de imagen mientras Peña Nieto la carga como un lastre a partir de los últimos meses.
Mientras Michelle Obama aparece en programas de TV bailando música disco para fomentar la salud, a Angélica Rivera rara vez se le ve en un evento del DIF, que ella preside.

Pero las diferencias también son de fondo, como es el caso de que si una iniciativa del mandatario estadounidense es considerada inapropiada no solo es vetada por la oposición republicana, sino hasta por los mismos congresistas demócratas, los de su partido, haciéndole notar que no existe el poder absoluto. En México en cambio no hay una sola reforma o decisión que el PRI avale sin siquiera cuestionarse si el Presidente y su equipo no la estarán regando.

Ahora bien, un factor que marca una diferencia enorme entre estos dos mandatarios es el pasado reciente que uno ha preferido ocultar por conveniencia, aunque en su momento no le importó asociarse con lo más cuestionable de la política, sin tomar en cuenta que en el trayecto, ambas partes terminan siendo responsables.

referimos a su sociedad con el Partido Verde Ecologista de México, que justo en estos tiempos electorales ha mostrado lo peor de sí, aún cuando creíamos que más ya no era posible.

La acumulación de multas por prácticas ilegales para el Partido Verde supera ya los 500 millones de pesos, algo equiparable solo a la impuesta por el caso Pemexgate a principios de siglo y que hace pensar cómo es posible que, comprobándose tantas irregularidades ese partido aún tenga registro. Porque no se ve que sufran mucho los verdes por dichas sanciones, ya que al final de cuentas no es un castigo que se les imponga a sus bolsillos, sino a los recursos públicos que pagamos todos. Luego entonces, se les limita la llave del dinero, pero de ahí no pasará.
Es ahí donde viene el punto cuestionable para el Presidente de México, pues en la práctica se deslinda del Partido Verde (callando) cuando llegó a Los Pinos de la mano de ellos. Tal pareciera que ni él, ni los suyos, incluido el PRI, recuerdan que en las planillas del 2012 el logo del Verde aparecía junto al nombre de Peña Nieto y que gracias a eso, a que fue su candidato, hoy tiene un número de diputados y senadores y sobre todo, una cantidad increíble de recursos públicos.

Si ahora tenemos a un insufrible partido que de ecologista no tiene un gramo, es porque el actual presidente se sirvió de ellos y viceversa. En la práctica, el Partido Verde y el PRI funcionan como uno mismo (no hay nada que el Verde haya votado en contra), pero a la hora de los momentos bochornosos se separan para no cargar con esa culpa. Y sin embargo, en estas elecciones van de nuevo juntos.

No habría que olvidar en lo sucesivo que ese negocio de partido político no se hizo solo y tampoco se ha mantenido como un mantenido por obra de un milagro, sino por la decisión de alguien de ligarse con él y darle respiración para el registro. Ese alguien fue Peña Nieto y su partido. No extraña que hagan como si no tuvieran algún nexo, pero eso al final siempre provocará enormes diferencias en su gestión y por desgracia, en nuestras vidas. Y eso se nota hasta en las fotos.

La peor campaña del año

uno ve que un candidato ofrece bolsitas con preservativos con la frase “sensibilidad y eficacia”, agradece al cielo que alguien por fin se haya gastado el dinero en la contratación de alguien con ingenio. Sin embargo, pronto la sonrisa se borra cuando se da cuenta que pertenece al Partido Popular de España, quedándonos con nuestras miserias de campañas en México que de tan malas lo único que se puede concluir es que tantos miles de millones de pesos están sirviendo para otras cosas, menos para ganar al electorado.

O dígame usted, estimado lector, cómo pueden esperar estos especímenes que alguien vote por ellos si la única decisión que uno puede tomar al ver su propaganda es encanijarse o morirse de la risa.

De hecho, las reglas deberían cambiar para de aquí a tres años y estipular que quien salga con una campaña horrorosa no solo merece perder, sino que debería regresar el dinero asignado como castigo y para enseñarle lo que es vergüenza.

Porque uno puede ir por ahí y de repente encontrarse con bodrios como el que dice ‘Vota por mí, chingao’ o el que asegura que trabaja con contrabajo, pero sospecha que es tan grande este mundo que por ahí debe haber algunas joyas de lo absurdo de las que nos estemos perdiendo.

Por fortuna el sitio Animal Político tuvo la iniciativa de convocar a la gente para encontrar esas campañas fallidas que ni el surrealismo habría hecho posible. Así, compiten desde el sujeto que corta una palmera porque le tapa su cara de ‘yo no fui’ en un espectacular, hasta el que dice que la clave del éxito es mantener la boca cerrada. Y cuando decimos que compiten, es porque en verdad lo están haciendo, pues uno puede entrar al sitio mencionado y votar por la peor de todas. A estas alturas, es lo único que nos queda.

Andrés Manuel López Obrador puede considerarse todo un innovador, un marcador de tendencias o un gurú de la vuelta a la tortilla. Pero qué daño le ha hecho al mundo desde el día que se le ocurrió convencer a la gente de que votará por alguien para después poner a otro en su lugar. Arriba de este texto mencionábamos el punto de las responsabilidades. Si el Presidente tiene que hacerse cargo de la mugre del Verde, AMLO debe tomar su parte en esto de la invención de las candidaturas ‘Juanito’. Ahora, quien quiere cumplir con una cuota de género postula a las esposas para que después renuncien a favor de sus maridos o bien, solo intercambia papeles como Marcelo Ebrard, que de titular pasó a ser suplente por una diputación plurinominal y así va directito a tener fuero. Ya lo decía alguien por ahí. Una vez que el INE permitió que alguien torciera las reglas (como el caso de Xóchitl Gálvez) todo mundo lo querrá hacer. Porque si no, no serían unas elecciones ‘Made in Mexico’.

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