SE VA UN GIGANTE DE LA POLÍTICA


Ed. Impresa EL EDITORIAL

Por Redaccion central – La Prensa – 2/03/2015

Concluir un periodo presidencial con un 60 por ciento de popularidad, a pesar del natural desgaste que implica el ejercicio del poder, no es frecuente. Tampoco encontrar un Primer Mandatario como él. Pero, después de una de las más brillantes gestiones de las que se tenga memoria en Latinoamérica, este expreso político y exguerrillero lo hizo. José Mujica, de Uruguay, acaba de dar una muestra de que es un demócrata a carta cabal, que pudo revolucionar en muchos aspectos a su país sin afectar la estabilidad económica y que hizo gala de que es posible ejercer el poder sin absurdos envanecimientos ni cosa parecida.

No se rodeó de la parafernalia y el boato que cautivan a cuantos tienen la posibilidad de acceder a un cargo de autoridad, sea cual fuere su rango. Siguió al mando de su antiguo Volkswagen, no quiso trasladarse a la Residencia Presidencial y continuó en su misma quinta e hizo de la austeridad un ejemplo.

Que su aparatosa seguridad abrió el tráfico vehicular por las calles que iba y que las luces rojas o los semáforos eran para otros. Nada que ver. Fue el Presidente de la gente y con la gente.

No le animó intención revanchista alguna, a pesar de que los dictadores de ultraderecha de turno lo encarcelaron durante años, mientras sus compañeros de lucha caían asesinados por los represores convencidos de que salvaban a su patria. Allá ellos y sus conciencias, que deben ser sus jueces más implacables.

Dio lugar, sin grandes aspavientos a que se puedan practicar abortos en las mejores condiciones posibles y sin la hipocresía que suele rodear este tipo de debates.

Legalizó la marihuana y dio lugar a que su consumo se realice en las mejores condiciones posibles.

Propugnó el matrimonio en condiciones igualitarias, inclusive entre personas del mismo sexo y dio un paso enorme hacia la sociedad del futuro, sin traumas ni conflictos que fueron propias de centurias pasadas, no del siglo XXI.

Aunque en la columna del debe quedan varios asuntos pendientes, como fomentar un mejor nivel educativo o disminuir los conflictos laborales, tal vez sus promesas incumplidas, Mujica deja un Uruguay muy bien posicionado en el mundo, a pesar de que solamente cuenta con poco más de 176 mil kilómetros, menos que el departamento de Santa Cruz-Bolivia, y algo menos de tres y medio millones de habitantes y permitió que el Frente Amplio, una organización política de izquierda se mantenga en el poder, al menos, por 15 años consecutivos y, hasta ahora, sin fricciones con Estados Unidos, que suele ver con malos ojos que sus rivales ideológicos asuman el poder en el que considera su “patio trasero”.

Mujica entregó el poder a Tabaré Vázquez y demostró que la democracia uruguaya está más fortalecida que nunca y que a nadie, en su sano juicio, le interesaría interrumpir ese proceso, que sucedió a la larga noche de las dictaduras militares de derecha.

Termina el mejor mandato de los tiempos recientes en Latinoamérica. Mujica volverá a ser el de siempre, el que buscará en la intimidad de su hogar, la tranquilidad que no perdió en el poder.

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