Clases medias indígenas


TINKU VERBAL
Andrés Gómez Vela

Página Siete – domingo, 06 de julio de 2014

La historia narra que el corocoreño Luciano Tapia fue el primer candidato indígena a la Presidencia de Bolivia cuando la democracia estaba dando sus primeros pasos y la dictadura no la dejaba. Se presentó por primera vez en los comicios de 1978. En 1982 ganó una diputación.
Constantino Lima, otro líder indígena, contó hace años en ERBOL Radio que el 5 de noviembre de 1960 se constituyó el primer instrumento político indígena, el Partido Autóctono Nacional (PAN).
Posteriormente surgieron por esa década el Partido de Indios Aymaras y Quechuas del Kollasuyo (PIAQK), el Movimiento Nacional Túpak Katari (MNTK), el Partido Indio de Bolivia (PIB), el Partido de Indios del Kollasuyo (PIK) y el Movimiento Universitario Julián Apaza (MUJA).
Lima narró que en enero de 1975 nació el instrumento político indianista de mayor repercusión, el Movimiento Indio Túpak Katari (MITKA). Recuerda, en una entrevista con el periódico Pukara, que esta organización fue constituida por Luciano Tapia, Jaime Apaza, Felipe Quispe y su persona, entre otros. Añade que terminó de consolidarse en 1978 con su Primer Congreso en Pacajes.
Producto de este proceso, el MITKA logró un primer diputado indio, Julio Tumiri, en la gestión 1979-1980. En 1985, Constantino entró en la Cámara Baja con la sigla MITKA-1.
Muchos años antes, después de la Revolución Nacional, cuentan que Fausto Reynaga marchaba cada 9 abril con un letrero que desafiaba el eslogan oficial de ese tiempo: “La tierra no es de quien la trabaja, sino del indio”.
De ese tiempo a esta parte, los indígenas experimentaron una gran movilidad política y social. El derecho de elegir y ser elegidos ya lo habían conquistado con la Revolución, pero las condiciones materiales y psicosociales les impedía ejercer ese derecho plenamente. Por ello, ni Luciano ni Constantino obtuvieron el apoyo de la mayoría de sus hermanos indígenas.
El indio no confiaba en el mismo indio y su mente formateada con ímpetu colonial lo empujaba a admirar a los doctores y licenciados que ostentaban sus títulos académicos, como si fueran nobiliarios.
Hoy, los indígenas ya no mendigan poder. Y no sólo tienen poder político, sino también económico. Tampoco sufren discriminación; es más, una parte de la sociedad siente que el racismo va en sentido contrario. Desde hace tiempo circulan con opulencia e impávidos, tanto por los pasillos del poder como del placer.
Tanto ha cambiado su vida que una buena parte de los indígenas pertenece hoy a la clase media o clase media alta o clase alta. Por supuesto, hay indígenas que siguen viviendo mal, y esa su pobreza los diferencia ideológicamente de sus “hermanos de sangre” ricos.
Por esto la contradicción histórica ya no es étnica: blancos vs. indígenas, sino social: indígenas y blancos ricos vs. indígenas pobres. En otras palabras, a los indígenas de hoy ya no los une el color de piel ni su condición de pobreza, los diferencia su riqueza.
Y hay elementos que vinculan a blancos (si sigue vigente este término) e indígenas: el dinero y el control de los medios de producción (si queremos usar términos marxistas). El color de piel dejó de ser un diferenciador del poder económico. Prueba de esta nueva realidad es la alianza entre el MAS y los empresarios del oriente (considerados hasta el año pasado como oligarcas separatistas), aunque todavía hay ciertos desubicados que pretenden mantener sesgos racistas.
Ahora, los indígenas de clase media son más clase social que nación, lo que significa que sus sueños de hace 60 años de lograr reconocimiento, acceso al poder y otros derechos políticos y sociales básicos mutaron hacia otras aspiraciones.
Entonces, el sujeto histórico indígena, que tomó la posta después del proletariado, derrotado entre 1985 y 1989, da paso a un nuevo sujeto histórico: la clase media.
Fausto, Luciano y Constantino cumplieron en parte su sueño, pero su ideología fracasó porque gran parte de los indígenas clasemedieros o de clase alta de hoy abrazaron el capitalismo como sistema de vida, basta ver a cocaleros y cooperativistas.

Andrés Gómez Vela es periodista.

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