¿Posneoliberalismo?


Desde la acera de enfrente
María Galindo
Página Siete – miércoles, 23 de abril de 2014

El Vicepresidente habló de posneoliberalismo en su reciente gira de turismo académico, la misma que se dio para evitar las preguntas y el bochorno por el escándalo del contrato de catering de su cuñada en la empresa estatal BoA, una empresa que existe para generar empleo directo y no subcontratos. Una empresa estatal que debe hacer sus compras de servicios de manera transparente y como parte de un proyecto de empleo masivo y no de favores familiares y enriquecimiento acelerado de la parentela de la cúpula de poder.
Una no deja de preguntarse si fue el escándalo el que provocó alucinaciones en el Vicepresidente o si la ocurrencia viene de la ausencia completa de contacto con la realidad. O si en realidad sólo quería deslumbrar a un grupo de desinformados y periféricos académicos, que no pasaban, en ningún caso, de las 50 a 100 personas, a las cuales hasta se les hubiera podido decir que La Paz es una ciudad tropical.
El neoliberalismo en Bolivia no sólo está intacto, sino que maneja todos los ejes de la economía boliviana: empezando por la minería y acabando en el sistema financiero.
Pero donde es más patente y cruel es precisamente en el mundo del empleo. Lo que hay de sobra en Bolivia son empleos basura sin derechos laborales; empleos que pueden ser tales porque para cientos son la única opción de supervivencia.
El ejemplo más jugoso nos lo aporta la Cámara Nacional de Comercio en su reciente premiación, se trata de la transnacional de cosméticos Yanbal. Ha hallado en Bolivia una gran cantera de explotación en la mano de obra desempleada de mujeres. Mujeres que no firman un contrato de trabajo, sino que firman un contrato de deuda con la empresa que las llama eufemísticamente “socias”.
Ellas sacan productos y asumen la responsabilidad de venderlos; el número de horas de trabajo, los horarios y mañas que usan para lograr el objetivo no es responsabilidad de la empresa. Mientras más dinero necesites, más horas dedicarás a la venta de productos; todos los costos están en las espaldas de la trabajadora como ser: llamadas telefónicas, seguridad del producto, transporte, alimentación y captura de consumidoras.
El recinto de venta es el propio cuerpo de una desempleada que se convierte, además, en consumidora para poder exhibir el producto en su cuerpo hambriento. Si su clienta le falla, la empresa no arriesga nada, las pérdidas las asume la trabajadora que funge de socia. Yanbal logra captar cientos y miles de mujeres bolivianas porque simplemente ellas no tienen otra alternativa. Ellas, mejor que yo, saben que jamás accederían a constituir, por ejemplo, una cooperativa, y si lo lograran tendrían que sacar el capital de un crédito neoliberal usurero, y que con crédito y todo jamás accederían, por ejemplo, a vender sus productos al Estado, porque esos contratos son para los circuitos familiares y partidarios.
Yanbal no es la única que trabaja con empleo basura. Herbalife, Esika y otras tienen la misma metodología. Si les fallas entras a la central de riesgos y te quitan lo último que te queda, que es el nombre, y no puedes acceder a un crédito en ningún banco. Todo esto sucede y se publicita en la Bolivia dizque posneoliberal. La nueva ley de bancos, que ha negociado el |ministro Arce, ha dejado intacta la central de riesgos, donde la insolvente pierde lo último que le queda, que es su nombre.
La gran riqueza con la que cuenta hoy el Estado, a través de la venta de materias primas, logra un excedente importante de capital que no está siendo reinvertido para generar ni más empleo ni mejor calidad de vida.
El neoliberalismo de empleos basura evita que se generen condiciones laborales donde la cohesión de la “clase obrera” sea posible; hoy no es posible ni siquiera la sindicalización, por eso la propia central obrera está en crisis. Los nuevos sectores laborales son imposibles de captar por la vía del discurso sindical. Son sectores donde lo único que cuenta es la supervivencia y nada más y sólo por eso el gobierno del MAS gobierna en paz, porque no hay sector social ni clase obrera que denuncie el contenido neoliberal de su gobierno.
Acá me conformo con replicar al Vicepresidente tan sólo como parte de un ejercicio personal de sentido común que tercamente me niego a perder.

María Galindo es activista de Mujeres Creando.

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