Las renuncias que faltan


Página Siete – Opinión – 15/12/2012

Columna vertebral Carlos D. Mesa Gisbert

La Paz, Bolivia – 16/12/2012 13:26 PM

El discurso de la lucha contra la corrupción está tan desgastado que ha perdido cualquier posibilidad de generar efecto en una sociedad que viene escuchando desde hace un par de décadas sobre la revolución del comportamiento y la lucha frontal contra la corrupción, y experimentando exactamente lo contrario.

El Gobierno del presidente Morales vivió hace algunos años uno de los mayores escándalos de corrupción en tiempos democráticos en el caso Catler-Santos Ramírez que se destapó, no por investigaciones del Gobierno sino por el asesinato de uno de los empresarios involucrados en el hecho. Entonces apareció como algo aislado. El súbdito estadounidense Ostreicher ha demostrado lo contrario. Por primera vez en la historia democrática se pone en evidencia una red de extorsión y chantaje anidada en los ministerios de Gobierno y Presidencia y en el Ministerio Público. No es ya el caso de una o algunas autoridades que delinquen por iniciativa personal, no, es una estructura organizada con sólidas redes de funcionamiento, protección y distribución de beneficios por sus criminales.

Una vez más, no fue ninguna investigación sino una denuncia la que abrió la olla podrida. El Gobierno no tuvo otra opción que detener a varios involucrados y abrir una investigación intentando transformar el defecto en virtud. Pero no se puede convertir en virtud una tarea que marca límites y no toca determinados espacios de poder.

La Asamblea Legislativa anuncia que no creará ninguna comisión de investigación porque el Gobierno ya la está haciendo. Los ministerios de Gobierno y Transparencia, en medio de fuertes tensiones internas en el seno del MAS, acuerdan un trabajo conjunto para evitar “filtraciones y deslices”. En otras palabras para que las cosas se hagan sin tocar a quien no se puede tocar.

Los ministros bajo cuyo mando funcionaron estas redes, ya contra la pared, adelantan que están dispuestos a presentarse a declarar ante quien sea necesario’

He aquí uno de los nudos gordianos del problema. La responsabilidad. Cuando el actual Presidente abrió un juicio en contra de cuatro ex presidentes constitucionales por la firma de contratos petroleros que ningún Presidente firma personalmente, lo hizo basado en un argumento: aunque esos contratos fueron firmados por los presidentes de YPFB, la responsabilidad última es de los presidentes de la República. El juicio como tal es un gran error y en mi opinión carece de fundamento alguno, pero lo que aquí importa es que el ex presidente Quiroga y yo mismo asumimos y presentamos nuestra defensa a pesar de no haber firmado contrato alguno. El ex presidente Quiroga continúa su defensa injustamente acusado, lo hace él y lo hace con valentía a pesar de que la acusación es endeble y puramente política.

Aquí estamos hablando del mayor escándalo de corrupción del sistema judicial del que se tenga memoria, que ha contaminado gravemente a los ministerios de Gobierno, Presidencia y Ministerio Público. Lo único que cabía en este caso era la renuncia inmediata de los ministros Romero, Quintana y Suxo. ¿Por qué? ¿Por qué están involucrados en la red de corrupción? No. Eso se verá en la investigación si ésta fuese por ventura imparcial, independiente y creíble. No, debieron y deben renunciar porque siendo ellos ministros funcionó con la mayor tranquilidad y sin control alguno, un grupo criminal organizado que llevó adelante por mucho tiempo acciones que ponen en entredicho al Gobierno y al propio país. Cuando un funcionario de alto rango no es capaz de conducir su ministerio adecuadamente, cuando bajo sus narices se producen actos que debieran avergonzar a cualquiera, no cabe otra cosa que dar un paso al costado. Eso se llama asumir responsabilidades.

Pero ocurre exactamente lo contrario, los ministros que debieran renunciar, no lo hacen y además pretenden convertirse en adalides de la investigación. ¿Van a ser ellos los que investiguen los delitos ocurridos en sus ministerios? ¡Por favor!

¿Por qué debe renunciar la ministra Suxo? Porque su trabajo no da resultados, porque su ministerio, una de cuyas tareas es la prevención y otra la investigación de corrupción dentro del Gobierno, no se enteró de lo que estaba ocurriendo hasta que Ostreicher sacó los hechos a la luz. Ésa es una negligencia inadmisible en un ministerio tan poderoso y que ha sido tan eficiente en la judicialización de la política.

¿Y el Presidente? Si los ministros no renuncian de motu propio, el Mandatario debiera haber pedido sus renuncias. El caso afecta severamente la credibilidad y la imagen de su Gobierno. No lo hizo porque sabe –y esto es lo significativo- que su figura es intocable, que el país cree que aunque nade en un mar de corrupción, casi nadie cree que él es parte de la suciedad y porque siempre ha confundido la valentía de aceptar errores propios con debilidad política.

Quien renuncia al cargo porque asume sus responsabilidades, no acepta su vínculo con la corrupción, demuestra dos cosas básicas, su comprensión de la relación entre acto y consecuencia y su verdadera lealtad al proceso político que dice defender.

Carlos D. Mesa Gisbert fue Presidente de Bolivia.

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