Topografía


Edición Digital – Martes, 29 de Noviembre de 2011

Opinión – La Razon, Nov 29,2011

Carlos Villagómez

Es arquitecto.

Inestablemente emplazada en la topografía más compleja de América, la arquitectura de la ciudad de La Paz es fundamental en nuestro imaginario colectivo. En un paisaje saturado de pliegues y pendientes, los paceños edificamos corajudamente la arquitectura más delirante e intrépida posible con pocos recursos, pero con la máxima creatividad que, subrayo, no es sinónimo de belleza.

Relacionamos nuestros barrios con puentes, pasarelas, graderías, túneles, embovedados, canalizaciones, en suma, con ingeniosos artificios. Más allá de lo técnico y de lo estético, los paceños construimos esta ciudad y nos identificamos con esa manera de conquistar las montañas, con ese afán de afincarnos en lo más alto, donde sólo anidan los cóndores.

Resaltaré dos aspectos peculiares de esta relación entre nuestra excepcional topografía y la arquitectura: cómo generamos una sociedad estratificada pero invertida, y cómo las pendientes son la arquitectura representativa de esta ciudad.

Los paceños construimos una sociedad estratificada en niveles, una sociedad de clases verticalmente diferenciada.

Pero, contrariamente a una pirámide de clases con una “clase alta” en el pináculo, en este valle andino invertimos los valores y las clases populares son las que ocupan las alturas, y las clases “privilegiadas” se ubican en los sectores bajos de la ciudad. Aquí, los habitantes de las altas pendientes gozan del inmenso privilegio de la vista y el paisaje.

Son los propietarios de invalorables balcones hacia la infinidad andina, donde se evidencian múltiples actividades domésticas.

El segundo rasgo fundamental que deseo destacar es nuestra arquitectura protagónica. Las pendientes este y oeste de este valle andino se colmaron con edificaciones ejecutadas con pura intuición y crearon el paisaje urbano más elocuente de esta ciudad. Los habitantes de las pendientes desarrollaron a lo largo del tiempo ingeniosas y temerarias construcciones, formando conjuntos residenciales apilados y escalonados en un anárquico pero sugerente paisaje urbano. A esa cualidad debemos sumar que, a diferencia de otras zonas de la ciudad, las pendientes tienen una imagen de conjunto, ya sea entre sus pocas edificaciones terminadas o aquéllas sin terminar. Las pendientes tienen identidad urbana que nace de un conjunto social indiferenciado.

En otros barrios, como la zona Sur, cada manzano es un muestrario arquitectónico variopinto y estrafalario que emula patrones y estilos foráneos, en la forma más individualista y huachafa que podamos imaginar.

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