La divorciada


La Paz, Bolivia

Desde la acera de enfrente – María Galindo

La Prensa – 08/11/2011

La divorciada es una mujer dos veces libre que tiene como amuleto y utensilio de vida una tijera. La tijera con la que corta el largo de su falda y subirle diez centímetros sobre la rodilla, la tijera con que quitarle diez centímetros a la cintura de su camisa y llevarla bien ajustada. La que usa para cortar los sobres anónimos que recibe en la oficina.

Es una mujer que sabe romper, que sabe cortar. A una mujer divorciada lo peor que le ha pasado en la vida es el matrimonio y lo mejor que le ha pasado es el divorcio, por eso con esa balanza comparativa se convierte en una mujer con mucho saber.

La divorciada no ha roto con un hombre, su saber va mucho más allá, la divorciada ha roto con el matrimonio como institución. Con todo su peso, con todos sus candados; ha roto el mito de ser una señora respetable que le pertenece a un hombre.

La divorciada ha roto el mito de la monogamia y por eso por su cama han pasado muchos hombres en diferentes circunstancias; más jóvenes y más viejos que ella. Hombres a los que les ha propuesto relaciones de dignidad y de libertad que son hoy en día imposibles entre un hombre y una mujer, por eso han salido todos corriendo frente a una mujer tan madura y tan segura de sí misma.

La divorciada ha roto con el mito del padre proveedor, por lo que ha conquistado también su autonomía económica, vive en una cuerda floja pero sabe vivir. Se compra ropa usada y por eso cuando se compra una blusa nueva la disfruta como si se tratara de la cosa más lujosa del mundo.

La divorciada ha roto también con el romanticismo fácil, ella prefiere el compromiso profundo y sincero del amante que te hace el té caliente con limón cuando estás resfriada, el amante que prefiere que descanses y te masajea los pies, el que no llama cuando estás ocupada, el amante que se alegra cuando tú brillas en tu trabajo.

La divorciada por eso no es una mujer fácil de conquistar; se ha vuelto muy exigente y demasiado aguda. Su conocimiento de los hombres es tan profundo que va sola por la vida porque un amante igualitario respetuoso y divertido como el que a ella le gusta es un tipo de hombre que hoy en día no hay. La inmadurez de los hombres no le amarga la vida, le da más bien risa, le da más bien pena pero no está dispuesta a tener uno al precio de convertirse en su madre.

La divorciada ha recuperado después del divorcio el blue jean, se viste los sábados como su hija mayor y sus poleras suelen confundirse entre la ropa. La divorciada recupera el aire juvenil de soltera. No es un aire juvenil falso, ni postizo, le sale desde dentro del alma, le sale del centro de la barriga y de los talones. La divorciada tiene muchos planes, quiere aprender computación y tango, quiere viajar y terminar su licenciatura, quiere comprar un departamento, quiere aprender a manejar carro. La divorciada está llena de proyectos, divide el tiempo en muchos pequeños pedazos para que en su nueva vida entre todo lo que soñó hacer, todo lo que con el matrimonio quedó trunco y a medias.

La divorciada juega mucho con su cuerpo, lo vive por épocas, va de las dietas más estrictas a puro manzana a los excesos de vino, marraquetas con mantequilla y lomo montado con papas fritas. Puede engordar como enflaquecer según los refugios existenciales por los que está pasando su vida. Por eso no soporta que nadie se atreva a opinar si esta gorda o flaca porque lo considera la peor y la más inaceptable de las invasiones, peor aún si ese comentario viene de un hombre es capaz de clavarle una navaja en la lengua si algún desprevenido se atreve a medirle el peso o la cintura a título de broma.

La divorciada ha recuperado todos sus planes y con todos esos sueños e ilusiones sus ojos brillan. Con todos esos sueños se ha convertido en una mujer optimista y positiva, enfrenta los lunes con fuerza y con decisión.

La divorciada tiene una larga lista escrita en una libreta que promete ser un libro. En ella va anotando todas y cada una de las mentiras con las que nos educaron a las mujeres. Sabe que la amargura de su hermana es precisamente tener un marido, sabe que su hija va directo al matrimonio como a un patíbulo ineludible, sabe que su destino es la soledad. Sabe que habría que cambiar todo, hasta el nombre de la hermosa cascada de agua del camino a Yungas que en lugar de velo de novia debería llamarse carcajada de mujer divorciada.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

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