Música para Todos


Pagina Siete, La Paz, Bolivia – 3/11/2011  

Bajo la sombra del olivo Ilya Fortún

La gente común, la de a pie, siempre te sorprende positivamente dando mucho más de lo que se espera de ella. Ocurre esto en la política y en todos los ámbitos imaginables. Hace un par de semanas en el atrio de la iglesia de San Francisco, a pocos metros del lugar desde el que los indígenas del TIPNIS intentaban vanamente comunicarle su mensaje a un Gobierno sordo, se desarrollaba una experiencia que puso en relieve las enormes capacidades de un lenguaje universal: la música.

En el epicentro de la ciudad, en el corazón de lo popular y lo diverso, la música sacudió y estremeció a miles de paceños, conectándolos con un mundo distinto, para muchos completamente desconocido. En ese escenario natural en el que se representó una y mil veces la historia política y social del país y en el que la música también fue siempre protagonista, el folklore dio paso al primer movimiento de la Quinta Sinfonía de Beethoven, la cumbia cedió lugar a la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky, y el rock cedió su audiencia a las Cuatro Estaciones de Vivaldi.

Durante tres días, el festival de música y gastronomía “Música para Todos” sorprendió gratamente a los transeúntes del frenético centro paceño, con una serie de presentaciones en la basílica de San Francisco a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, la Orquesta de Cámara Univalle de Cochabamba y la Orquesta Sinfónica Municipal de El Alto. Adicionalmente, y rompiendo todos los esquemas que habitualmente caracterizan a la mal llamada “música culta”, una pantalla gigante hacía retumbar el atrio de la iglesia con videos de música clásica de las orquestas más importantes del mundo.

El festival en San Francisco estuvo precedido del estreno absoluto en América del Sur de la obra Experimentum Mundi, en el Teatro Municipal. Esta maravillosa obra puso en escena a 16 obreros y artesanos bolivianos, entre pasteleros, carpinteros, albañiles, zapateros, adoquineros, afiladores, picapedreros y herreros, que hicieron su trabajo en escena, guiados por un percusionista y dirigidos por un director de orquesta. Ante el asombro y la fascinación de los asistentes, la faena de los artesanos, expresada en gestos, ruidos y acciones, se convirtió en notas, ritmo, contraste y armonía. Una obra maestra magnífica por su riqueza conceptual y por la frescura y autenticidad de sus ejecutantes, puesto que fue la primera vez en treinta años que se presentó con artesanos diferentes a los italianos para los que fue compuesta.

En medio de las desazones de la actualidad política nacional, vale la pena celebrar esta iniciativa que muestra la fuerza del arte como un lenguaje universal que une pueblos, identidades y culturas. Qué grato resulta constatar una vez más cuán equivocados están aquellos que siguen pensando que la música clásica está reservada sólo para unos cuantos y que el público de a pie no tiene la sensibilidad suficiente.

La respuesta contundente y genuina la dio la multitud de asistentes que colmaron, sentados y de pie, todos los escenarios, mostrando su entusiasmo, su respeto, su atención, su respeto y su agradecimiento con aplausos y pedidos de bises realmente conmovedores. Una experiencia pertinente, oportuna y enriquecedora, que esperamos se repita todos los años. ¡Bravo!

Ilya Fortún es comunicador social.

ilyafortun.blogspot.com

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